LA NUEVA DELINCUENCIA ROBA TU MENTE; Y NI TE HAS DADO CUENTA.
La nueva delincuencia no te roba con armas: te roba la mente sin que te des cuenta. Opera bajo el disfraz de la libertad de expresión manipulando masas y desestabilizando leyes e incluso países enteros. Millones la siguen sin darse cuenta que están siendo dominados y dirigidos. Esta es la nueva realidad del mundo en el que vivimos y es urgente que las leyes se pongan al día.
Y sí, a ti como empresario emprendedor, te debe importar.
Escrito por Gerardo E. Méndez.
The Winning Brain: Ciencia del Desempeño Superior para Empresarios Emprendedores que No Dejarán que la IA Arruine sus Vidas y... por el contrario, vencerán.
Cuando Sócrates conversaba en las calles de Atenas, no ofrecía discursos breves ni frases ingeniosas para impresionar. Sus ideas se ponían a prueba en diálogos, a veces de horas, donde cada argumento era examinado, cuestionado y desarmado por quienes lo escuchaban. En ese tipo de intercambio sostenido resulta difícil ocultar la superficialidad: las ideas débiles se contradicen solas y terminan derrumbándose bajo el peso de sus propias palabras. Solo aquellas que resisten el escrutinio continuo logran mantenerse en pie. Por eso, la coherencia y sapiencia de las ideas era cardinal para cualquiera que, desde el diálogo o la tarima griega, quisiese evitar una lluvia de tomates.
Del mismo modo, las conversaciones y las tertulias, fuente milenaria de construcción de cultura, conceptos y opiniones, transmiten conocimiento que se reproduce sólo si son habitados por ideas lógicas y bien fundamentadas. Aunque sean erróneas, al menos tienen que forrarse de justificaciones que ponen a prueba la razón de la gente. Tanto hoy como hace tres mil años.
Con el tiempo llegaron los libros, y mucho después al arribo de la prensa, la radio, y hasta la televisión, las ideas que en estos medios se transmitían igual debían justificarse con agudeza porque se difundían a través de columnas o espacios de varios cientos de palabras (o miles) en las que más les valía armarse un asidero de lógica suficientemente sólido como para no sufrir de una burla vergonzosa.
Hasta que llegaron las redes sociales.
Y llegaron para cambiar la milenaria mecánica de tajo porque ahora, cualquier idea puede ser transmitida con una frase, una foto o una obra audiovisual de segundos, usando cualquier lógica torcida que suene sabia, cualquier raciocinio que suene indignante, o cualquier forma que estremezca emociones. Por primera vez hemos diseñado un arma de difusión masiva de ideas con asidero lógico e ilógico, sabio o estúpido, capaz de conquistar tu circuito de recompensa dopamínico en pocos segundos.
Pero hay algo peor. Dicha arma está a la mano de todos: del Sócrates moderno o del lunático contemporáneo.
Podría argumentarse que las redes son un avance democrático cualitativo o un salto determinante para nuestros derechos de expresión y libertad. Lo son, en la superficie, aunque también de fondo, es cierto. Pero en ese fondo hay un trasfondo espeluznante porque lo que hemos construido en realidad es un arma de destrucción masiva dado que, cuando le das micrófono abierto a la estupidez sin exigirle que justifique ampliamente lo que vocifera, las mentes en automático que la escuchan (que son la mayoría según los estudios de Kahneman) adoptan dichas ideas con fervor. Se inicia en ese preciso momento una infección masiva en la sociedad que deriva en radicalización, polarización, indignación, frustración y… después, en su consecuencia natural: violencia. Un mundo infectado de estupidez termina siendo un mundo violento.
Ojalá la desventura parara ahí, pero no. Y es lo siguiente lo que motiva mi escrito de hoy.
A decir verdad, el efecto va mutando aterrador hasta convertirse en un escenario ideal para la delincuencia cognitiva. Veamos:
¿Cómo es posible que un presidente de un país se dedique a mentir en redes sociales a diario, de forma sistemática? Comencemos por preguntarnos ¿cómo eso puede ocurrir? Y terminemos preguntándonos ¿cómo es posible que pueda seguir haciéndolo sin que nada le pase?
El tema no es menor. Y yo no quisiera teñir estos escritos de política, pero ya se me rebosó la copa; llegó el punto en el que considero urgente que alguien alce la mano acompañada de un grito escandaloso para ver si algún policía del mundo para bolas.
Por ejemplo, fact-checkers registraron más de 30,000 declaraciones falsas o engañosas de Donald Trump durante su primer mandato, lo que lo ubica como uno de los casos más extensos de desinformación política en la historia moderna de EE.UU.
O hablemos del propio Elon Musk, ese redentor de la innovación y el emprendimiento moderno. Y pido que hablemos de él porque lo que está haciendo es de miedo ya que insiste en desenmascararse, sin el más mínimo escrúpulo, como un supuesto faro moral que en realidad es conducido por sus egoístas intereses capitalistas. ¿Por qué lo digo? Porque al principio veía que en X atacaba a Sam Altman de Open AI y luego retwiteaba noticias desafortunadas de OpenAI en un obvio intento de desacreditarlos por medio de juego sucio; o, digamos, poco elegante. Por eso, hasta ahí pensé que todo se enmarcaba dentro de la guerra empresarial normal.
Hasta que comencé a ver que compartía con saña noticias negativas sobre Bill Gates (un competidor directo e indirecto en algunos ámbitos) por el caso Epstein; ¿por qué comparte los males de Gates por medio del dolor y la pena de su esposa? Qué busca?
Poco después, se burló con agresividad del presidente de España, asociándolo con sucio y con la mierda, para luego llamarlo fascista repetidamente por restringir el uso de redes sociales a menores de 16; una medida que, por cierto, ya han adoptado varios países. Son solo algunos ejemplos de una conducta que enciende todas las alarmas: porque no hacen parte de la excentricidad normal de un millonario o de una prepotencia antiética. Es bastante más que eso. Con su poder casi inigualable y una “chequera” de 234 millones de seguidores en X, se convierte en un acosador y hostigador de masas que tuerce la opinión pública con cinco palabras, no para un beneficio colectivo, sino para su propio beneficio personal. Claro que es beneficioso que los menores de edad eviten las redes; demasiados estudios lo demuestran. Pero al señor Musk, dueño de X, no le conviene, y entonces utiliza su micrófono de dimensiones infinitas para crear un régimen de terror que le proteja. Es una estrategia de dominación e intimidación abusiva, en la que disfraza la libertad de expresión en poder político privatizado, antidemocrático, antiético y, diría, casi delictivo.
Este es pues, el inspirador rol a seguir de los emprendedores del mundo.
Al escribir esto de OpenAI, me pregunto qué dirá de sus Tesla que ya antes han matado gente.
Pero probablemente el caso más atroz, porque se me mete en las venas, es el del señor Gustavo Petro, individuo al que es casi imposible cogerle una verdad. Y no juzgo sus opiniones o percepciones, sino lo que transmite como hechos y factos. De modo que no hablo desde la subjetividad; de sus opiniones subjetivas, ideas o propuestas. Hablo de lo que asegura, de las estadísticas que comparte, de los “hechos” que menciona, de las teorías que argumenta, de las supuestas obras “de él” que inaugura. En más del 90% de los casos (porque yo he hecho el ejercicio de tomar una muestra de ellos) son falsas o vienen mezcladas con trazas mentirosas. No sólo yo lo he probado; medios como la Silla Vacía o Infobae han recopilado hilos en X donde Petro compartió información no verificada o errónea, incluyendo narrativas que luego fueron demostradas como falsedades o confusiones con hechos reales. La evidencia es casi infinita.
Es así como todos los días, sin falta, afirma algo que tuerce la verdad o que la tergiversa, y que se puede rebatir muy fácilmente teniendo a la mano datos oficiales o fuentes confiables. (Si no me crees y quieres controvertirme, te invito a que hagas el ejercicio con objetividad; coge 10 twits y contrástalo con inteligencia artificial o con fuentes objetivas que encuentres).
Quiero aclarar algo: lo que hace Petro no son deslices. No son fallas de su atención o falta de rigurosidad. Tampoco es que él sea loquito. No, no. No seamos ingenuos. Tal volumen de desinformación sólo es posible cuando hay un plan deliberado para transformar la verdad.
Para la muestra dos botones; aquí dos posts que hace casi cuatro años compartí desnudando sus mentiras:
https://www.facebook.com/share/p/1GEbZPQfYJ/
https://www.facebook.com/share/p/1Bm4UfmZRt/
Entonces, el señor, que se supone que es el líder de 50 millones de almas, para las que se supone que es su guía, su faro, su inspiración, autoridad y ley (calcula el nivel de responsabilidad que se carga), en realidad a lo que se dedica día a día es a ser un mentiroso sistemático y masivo.
Pero, no. Ni siquiera es eso. Es más que eso. Mucho más que eso. Porque si te pones a pensar, el señor está torciendo la realidad y los valores, no de decenas de personas, sino de millones. Sí, léelo otra vez: millones.
¿Entonces? ¿Eso qué es? ¿Cómo se llama? ¿En qué lo convierte?
Hoy no tiene nombre porque es una conducta medio nueva, pero básicamente lo que está haciendo es robarle la libertad a la gente al anular su capacidad de reconocer la verdad con el fin de introducirlos en un mundo paralelo de fantasías que él ha diseñado para ellos. En otras palabras, los está secuestrando. Y ni se lo imaginan.
Gustavo Petro, por tanto, es un delincuente, y ese tipo de actos deberían YA ser juzgados como se juzga el secuestro, como se juzga el robo a mano armada o, a lo menos, el robo intelectual.
Podría parecerte exagerado. Pero lo de menos es que en esta era la estupidez humana ya tiene micrófono abierto para que el mundo la escuche. Lo realmente grave es que los empresarios y los delincuentes de alto nivel se dieron cuenta que pueden pararse en el atril a decir cualquier sandez sin fundamento con una convicción socrática, para así amasar un rebaño millonario de seguidores polarizados e indignados, capaces de ejercer una violencia pirómana que bien puede destruir ciudades y envenenar el futuro de países completos. Más que eso: rebaños trasnacionales, portadores de ideas peligrosas capaces de incendiar, no territorios, sino derechos.
Por eso, llegó la hora de que la ley se adapte a estas nuevas e inéditas circunstancias.
Porque con la libertad de expresión sin límites, ya no se necesitan balas. Con X es suficiente.
(… y a ti como empresario emprendedor, te debería importar porque hemos entrado en la era de un nuevo feudalismo. Y… ¿te podrás imaginar cómo termina ahora con los poderes comunicacionales de la IA?).
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