LA FÓRMULA DE LOS EMPRENDEDORES QUE SÍ EJECUTAN


LA FÓRMULA DE LOS EMPRENDEDORES QUE SÍ EJECUTAN

El túnel es tu salvación


Por Gerardo E. Méndez.

The Winning Brain: Ciencia del Desempeño Superior para Empresarios Emprendedores que No Dejarán que la IA Arruine sus Vidas y... por el contrario, vencerán.


Es un martes cualquiera. 9:17 a. m. Ya abriste 21 pestañas del navegador. Contestaste 12 mensajes: 1 importante, 5 que ayudan un poco a mover el negocio, y 6 que no hacen mayor diferencia.

Empezaste la tarea más importante del día, pero la dejaste a medias porque te tocó ir a apagar un incendio. Malditos incendios.

Después volviste, te sentaste de nuevo, a seguir con esa tarea clave. Te concentraste, lo lograste, y empezaste… pero antes de que pudieras producir algo de valor real, te sonó el teléfono. Un cliente, una duda que huele a problema. Te tocó parar… te tocó armar reunión; te tocó.

Es ese el día a día que define el destino de las compañías. De tú compañía. Y también el destino de las vidas. De tu vida. Y lo define mucho más que cualquier vision board. Porque la mayoría de los emprendedores no fracasa por falta de inteligencia. Ni siquiera por falta de disciplina. Fracasa por una mezcla más traicionera: demasiados estímulos, demasiados frentes, demasiada interpretación emocional del malestar, y una atención que se deja secuestrar por cualquier cosa que grite más duro que lo importante.

¿Sabes qué es lo que pasa? Que el problema no es solo la distracción. El problema es que la distracción se siente razonable. Se disfraza con máscaras tan convincentes que te es imposible ignorarla.

- Revisar otra vez la propuesta

- Cambiar una frase de la web que te hace saltar el ojo

- Responder un correo viejo

- Mirar métricas sin decidir nada

- “Investigar” una idea nueva

- Volver a organizar el CRM como quien acomoda cubiertos en un barco que poco avanza.

Y así pasan los días… y piensas que estás trabajando. Y sí… pero no estás ejecutando. Ejecutando para avanzar.

Y ejecutar, en el sentido real de la palabra, es otra cosa: hacer durante suficiente tiempo lo que más cuesta y más mueve el resultado, sin abandonarlo todo solo porque el cuento, mientras lo vives durante su desarrollo, se puso incómodo.

Ahí entra la imagen del túnel.

No el túnel que te encierra. No el túnel del más allá cuando te mueres. Todo lo contrario: el túnel de tu salvación.

Lo que los ganadores ven mientras compiten

Una línea de investigación de Emily Balcetis (psicóloga social y profesora asociada de psicología en la Universidad de Nueva York) encontró algo fascinante: cuando las personas estrechan su atención visual hacia un objetivo específico, la meta se percibe más cercana y el desempeño mejora. En estudios sobre ejercicio y caminata, ese foco angosto (y redondo tipo telescopio) ayudó a los deportistas a moverse con más eficacia y más rápido; en resúmenes recientes de su trabajo, ese tipo de “spotlight” (foco de luz) en la visión atencional aparece asociado a un 27% más de eficiencia y a 17% menos malestar percibido en ciertas condiciones.

Es decir, cuando el cerebro deja de mirar todo lo que puede llegar a ver, soporta mejor el esfuerzo de mirar lo que importa.

Eso explica por qué atletas de alto rendimiento, en lugar de abrir su atención a todo el campo, suelen fijarse en referencias concretas: un punto, una línea, el corredor de adelante, la meta intermedia. No compiten abrazando el paisaje. No compiten prestándole atención a todo lo que se mueve o suene. Compiten entrando en un estrecho corredor atencional. Visual.

Y, mira tú. La vida emprendedora no funciona distinto. Mirar demasiado es perder. Mirar demasiado el mercado. Demasiado las comparaciones. Demasiado las posibilidades. Demasiado los riesgos. Demasiado todo lo que falta. Demasiado lo que no falta. Demasiado tus pensamientos.

Porque el exceso de panorama no da claridad. Da parálisis.

Ya habíamos oído de tener foco. De decir “no”. Pero esta visión de túnel estrecho proporciona un nuevo eje de comprensión.

Por eso es que el emprendedor que ejecuta bien no necesariamente es el más visionario. A veces es simplemente el que sabe hacer algo que parece tan sencillo como inútil: cerrar el ángulo de visión hasta que el siguiente paso se vuelva tan obvio como evidente.

- Como caballo cochero

- Como telescopio

- Como el cañón de luz que ilumina a un solo actor de entre decenas en el escenario.

La disciplina se gesta en el nudo de tu historia

Aquí la verdad que modela todo el sistema es que la mayoría de emprendedores no abandona porque el plan sea malo sino porque interpreta mal la fase media de su vida empresarial. Y me refiero a lo que en todo cuento o historia se llama el nudo o desarrollo. Y es en ella, en esa fase de la mitad, en que los personajes de las historias enfrentan los mayores conflictos y tensiones; es la base del storytelling, que no es más que una fiel representación de la vida.

Por eso, ese es el momento en que piensas:

  • esto no está funcionando
  • esto no se siente bien
  • esto debería ir más rápido
  • no sé si esto vale la pena
  • de pronto estoy forzando algo que no era

Y el tema es que ese momento no siempre es feedback real y útil. Más bien es una reacción instintiva a la fase del medio; del nudo.

Porque es la parte deslucida. La que no tiene aplausos. La que aburre. La que preocupa. La que estresa. La parte en la que el avance todavía no compensa emocionalmente el esfuerzo. La parte en la que muchas veces parece que no hay avance.

Y lo cierto es que esa fase tiene algo perverso: desde dentro se vive como una señal obvia e inteligente de retirada. Por eso tanta gente empieza y tan poca termina. Porque esos que sí lo hacen tienen un mapa más preciso de cómo se siente el cambio real desde adentro. Cómo se siente esa fase del medio. Saben que una transformación seria casi nunca se siente al principio como inspiración, sino como torpeza, fricción, tropiezo, repetición, duda, demora. Saben que la cosa no será rica. Pero están preparados para disfrutarlo.

Lo más despiadado y a la vez interesante de todo, es que la vida empresarial completa es una historia en la que el nudo ocupa toda la historia. Los desenlaces casi no existen. Porque no hay fin, no hay suma cero. A menos que la empresa se acabe o se venda.

Lo que sí hay son momentos que regocijan y dan todo el sentido: se sienten como un desenlace, pero son temporales, cortos, para que el ciclo vuelva a empezar de inmediato; aun así, son muy estimulantes: cuando cumples las metas, cuando le das a los objetivos; cuando los sobrepasas.

Ok, ¿pero eso cómo conecta con lo que vimos antes de la visión de túnel? Pues que cuando sabes que el medio se ve así, dejas de abrir veinte ventanas mentales buscando una salida emocional inmediata. Y te quedas dentro de tu carril. Concentrado.

Ok, hasta aquí llevamos dos piezas que quiero destacar:

· Para avanzar, foco visual y atencional. Sin distracciones visuales ni emocionales.

· Para avanzar, saber que el nudo es toda la historia. Y saber que no sabe rico.

El impulso que observas no te somete

Aquí entra la otra pieza del rompecabezas que estamos armando: la capacidad de observar los impulsos, las ganas de escapar, los antojos, la ansiedad de revisar el celular, la necesidad de embadurnarse de dopamina chatarra, la urgencia de posponer.

Porque es muy fácil decir: “ten foco atencional, como de túnel.”

“Tienes que saber que el proceso eterno de construir una empresa casi nunca se siente rico.”

El punto es… ¿bueno y cómo lo logro? ¿Cómo aguanto?

Entonces lo que vas a hacer es que, en lugar de juzgar, pelear con el impulso u obedecerle, lo observas como una ola que sube, que te trata de enamorar… pero que llega a su pico… y luego baja, casi extinguiéndose. La práctica del asunto consiste en notar las sensaciones físicas, los pensamientos y la urgencia sin actuar automáticamente sobre ellos. Sin actuar en lo absoluto.

Esa estrategia se usa clínicamente en contextos de antojos, impulsos y hábitos difíciles precisamente porque ayuda a romper la fusión entre “lo siento” y “lo hago”.

Mira el poder de esto para ti como emprendedor:

· No necesitas ganar una guerra filosófica cada vez que no quieres hacer una llamada difícil. Eso no debe disparar reflexiones existenciales.

· No necesitas convencerte de que amas prospectar.

· No necesitas sentirte inspirado para no abrir Instagram.

Necesitas algo más estúpido pero que a la vez es más poderoso: mirar el impulso que te seduce pero sin casarte con él. Mirar la ola… hasta que se deshaga.

“Quiero salir de esta tarea.”
Ok. Obsérvalo.

“Quiero ver quién me escribió.”
Ok. Obsérvalo (en tu cabeza).

“Siento esta mezcla de aburrimiento, inquietud y ansiedad.”
OK. Obsérvala.

“Mi cuerpo quiere moverse, quiero ver las noticias, ver qué será de Marcela.”
Perfecto. Ahí está el enemigo real.

Porque si puedes hacer eso durante un tramo corto, aunque sea 60 o 90 segundos, muchas veces desactivas el automatismo maligno. No desaparece toda la incomodidad, pero recuperas el mando. Es ahí que la atención deja de estar secuestrada.

Y eso también es foco de túnel. Porque foco no es solo mirar la meta. Foco también es no abandonar el punto por culpa de una sensación pasajera.

La fórmula

Juntemos todo lo anterior para que emerja una lógica de los 3 ingredientes secretos:

  1. El rendimiento mejora cuando estrechas el campo atencional. Foco visual. Sin distracciones.
    Menos paisaje, más punto de llegada.
  2. El cambio se sostiene cuando entiendes que el nudo de tu historia (que será eterno) se siente raro, lento y, muchas veces, ingrato.
    No interpretas esa fase como prueba de fracaso, sino como territorio normal.
  3. La disciplina se vuelve posible cuando dejas de sucumbir a cada impulso. Cuando lo observas.
    Observas la urgencia, no te fusionas con ella, y sigues transitando en tu carril.

En otras palabras: La ejecución superior no nace de ver más opciones. Nace de ver menos, interpretar mejor lo que eso significa, y reaccionar menos.

Eso es concentración de túnel.

Cómo se ve esto en la vida real de un emprendedor

Tu compañía necesita crecer y, supongamos, que el cuello de botella real son las ventas.

Pero tú, como muchos fundadores, lo que haces es que vende, sí, pero también…

  • Te metes en la operación
  • revisas detalles de la marca
  • mejoras presentaciones
  • haces micro-management
  • cambias prioridades cada día
  • evalúas nuevas ideas
  • abres el celular cuando aparece la resistencia

Entonces crees que tu problema es estrategia. O de mercado. Pero suele ser que tu atención no tiene un carril fijo.

Tu spotlight debería ser más algo como esto:

Objetivo del tramo: cerrar 5 conversaciones comerciales reales esta semana.

No es “hacer crecer la empresa”.
No “ser un mejor CEO”.
No “construir una marca poderosa”.

NO.

Eso es horizonte, visión. Pero no es el túnel.

El túnel son las 5 conversaciones reales.

Ahora viene la parte decisiva: cuando te sientas a hacerlas, aparecerá el impulso de escapar. De tomar aire. Porque el nudo de la historia asfixia:

  • revisar antes una cosa
  • ajustar un mensaje
  • cambiar una palabra
  • revisar las métricas en redes sociales
  • revisar la conveniencia de un KPI
  • hacer otra tarea más fácil
  • ir por café otra vez
  • mirar el celular
  • decir que primero necesitas claridad

Ahí entra la segunda disciplina que aprendimos: No discutir con el impulso. No seguirlo. No juzgarlo. No sucumbir. Sólo observarlo.

Y es así que puedes identificar que es pura resistencia. Que es miedo vestido de razonabilidad. Que es un dulce rico pero venenoso.

Pero que cuando lo observas, sube, pica y después baja.

Y vuelves al punto fijo. Ahí está tu trabajo más importante.

El método práctico: TÚNEL

Aquí tienes una versión práctica para aplicar desde hoy. Más que teoría bonita, es una herramienta práctica.

T: Traza un punto único

Define un solo punto para el tramo actual de tu historia.

No tu sueño. No tu ambición total. No una lista de diez cosas. Solo define:

¿Cuál es el punto fijo que más te acercaría a tu meta en las próximas 24 horas o 7 días?

Ejemplos:

  • 20 propuestas enviadas
  • 20 llamadas hechas
  • 4 horas de trabajo profundo
  • una negociación difícil resuelta
  • un entregable clave cerrado

U: Ubica el nudo antes de entrar

Antes de empezar, describe el nudo real. No te digas cosas como que: “Hoy voy con toda.” Eso es un impulso de energía efímero.

Dite algo más verdadero: “Cuando empiece, existe la probabilidad de que en algún punto me sienta disperso, impaciente y tentado a escapar. Pero eso no significa que voy mal. Significa que estoy en el tramo decisivo. Y cuando lo vea, sé lo que haré.”

Esto cambia todo porque evita que confundas incomodidad con mala dirección.

N: Nombra la ola

Cuando aparezca el fantasma del nudo de la historia; ese impulso que quiere sacarte del túnel, nómbralo.

  • “es ansiedad”
  • “ahí está el aburrimiento”
  • “apareció el rechazo anticipado”
  • “ya me salió la necesidad de alivio”
  • “el señor perfeccionismo que no puede faltar”
  • “la confusión defensiva hizo presencia”

Nombrar no resuelve mágicamente, pero crea distancia. Y esa distancia te devuelve control.

E: Estudia el impulso 60–90 segundos

Aquí aplicas observación pura.

· ¿Qué sientes en el cuerpo?

· ¿Presión? ¿calor? ¿apuro? ¿inquietud?

· ¿En qué parte?

· ¿Qué te promete el impulso?

· ¿Qué te quiere impulsar a hacer?

Y entonces lo que haces es que no lo alimentas. No lo dramatizas. Tampoco lo obedeces. Solo lo miras.

L: Limita el campo

Reduce físicamente lo que compite por tu atención.

  • una sola pestaña en el navegador
  • celular fuera
  • temporizador mientras terminas la tarea
  • una ventana cerrada
  • una tarea visible
  • una meta concreta a la vista

Recuerda siempre que los negocios no mueren al principio o al final. Mueren en la mitad. En el tramo donde ya no emociona empezar y tampoco emociona haber llegado a un destino. En el desierto entre la visión y la evidencia. En ese sitio donde la atención se cansa, los impulsos te venden una escapatoria, y el entorno te ofrece mil distracciones que alivian con pinta de tarea útil.

Ahí se decide todo. Ese es el túnel. Tu camino. Ese que te lleva al cielo de tus sueños empresariales.

Dale y no mires atrás.

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Durante +27 años y +500.000 entrevistas estudié cómo las personas deciden, actúan, pierden y crecen bajo presión, desarrollando un trabajo que está en la intersección entre la antropología, la neurociencia, la psicología, la lingüística, los negocios y la ejecución en el mundo real. Ahora decidí escribir el destilado de esos aprendizajes. Suscríbete y únete a 5 mil lectores semanales. ¡HAZLO Y RECIBE GRATIS NUESTRO PRIMER LIBRO DE LA SERIE "LA MENTE ANTES QUE LA MÁQUINA" - EL EMBUDO INFINITO!

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