9 PASOS PARA ENTRENAR EL ARTE DE "SABER SUFRIR"
...aunque tiene tanto de arte como de ciencia.
Por Gerardo E. Méndez.
The Winning Brain: Ciencia del Desempeño Superior para que los Empresarios Emprendedores desaten la furia de sus mentes y escalen sus negocios.
Hoy te traigo un protocolo de pasos para que entrenes el “Saber Sufrir”. El concepto del que he estado escribiendo en las últimas semanas y que me tiene tan entusiasmado por su enorme utilidad. Pero también porque es el descubrimiento de algo que el mundo todavía no ha visto de esta manera… lo que lo convierte en una nueva mina de oro.
El dolor puede entrenarse
Existe evidencia particularmente interesante en atletas de que el dolor de sufrir es entrenable. Por ejemplo, revisiones sobre procesamiento experimental del dolor han encontrado que los deportistas, especialmente algunos atletas entrenados en resistencia, muestran en promedio mayor tolerancia al dolor que los no deportistas. Otros trabajos encuentran diferencias en intensidad percibida y mecanismos de modulación del dolor.
Esto significa que el entrenamiento, la experiencia y las estrategias cognitivas pueden modificar significativamente nuestra relación con determinadas formas de dolor y esfuerzo. Es decir, el cuerpo aprende, pero la mente también aprende a interpretar mejor.
Dicho de otra forma: puedes entrenar cómo tu cuerpo asimila el dolor para resistir más, y puedes entrenar tu mente para que lo interprete de forma útil, no dañina.
Porque una persona que nunca se ha acercado voluntariamente a sus límites siente una determinada señal corporal y piensa en Peligro - “Detente”; y se refugia en las redes, en una cerveza o en Netflix.
Pero el atleta experimentado puede sentir una señal similar y poderlo distinguir: Esto es esfuerzo. Esto es fatiga. Esto puedo atravesarlo. Esto otro sí es una lesión y debo parar.
OJO: la excelencia no consiste en volverse sordo al llamado del cuerpo. Consiste en escucharlo con mayor precisión. Por eso es que el gran competidor no es quien siempre aguanta. Es quien aprende qué merece ser soportado y qué exige detenerse.
Y esto me lleva al aprendizaje que ya antes en este mundo de The Winning Brain hemos explorado: en ocasiones, saber desistir a tiempo de una idea, resulta ser una muy buena idea (https://www.instagram.com/p/DbO67MYMsz-/).
El “para qué” cambia el dolor
Aquí aparece otra frontera decisiva. Hay sufrimiento vacío y sufrimiento ubicado dentro de un propósito. No son psicológicamente iguales. Un atleta no corre hasta quedar exhausto porque considere delicioso el ardor en sus piernas. Lo acepta porque el esfuerzo está conectado con algo que ha elegido servir y ser.
Una madre puede soportar noches sin dormir porque existe alguien cuyo bienestar importa más que su comodidad inmediata. Un emprendedor puede atravesar meses de incertidumbre porque está intentando construir algo que considera valioso para su vida y para muchas personas más.
El propósito no anestesia el dolor. Lo organiza. Y le da sentido. Le da una posición dentro de una historia que importa.
Entonces mira cómo las piezas se van juntando. Dentro de mi sistema Salvahe, la definición clara del Propósito Máximo o Línea de vida, según mi método, tiene que tener una definición expresa y clara, con una visión definida y un plan. Sin todo ello, tus intentos de aprender a Saber Sufrir harán agua hasta naufragar.
Pero aquí aparece el fantasma de Schopenhauer para levantarnos una bandera roja: Si nuestra vida se convierte únicamente en alcanzar un objetivo tras otro para sentir que finalmente somos suficientes, la carrera no termina nunca. La satisfacción llega, dura un instante y otra necesidad ocupa su lugar.
Por eso existe una diferencia enorme entre querer ganar y necesitar ganar para poder tolerar o impulsar tu propia existencia.
El que compite impulsado por el segundo está en peligro. Porque ya no solamente juega por el trofeo. Juega por su identidad. Y cada punto se vuelve un piano que debe cargar.
El sufrimiento bien canalizado puede convertirse en capacidad
No porque el sufrimiento posea propiedades mágicas.
El trauma no ennoblece automáticamente. La derrota no vuelve sabio a todo el que pierde. El dolor también puede quebrarte o quemarte. El estrés crónico puede deteriorar tu salud y desempeño; incluso en el deporte de élite existe una preocupación creciente por burnout, ansiedad y otros problemas de salud mental.
Por eso sería irresponsable decir que “lo que no te mata te hace más fuerte.”
No siempre. Una mejor formulación del tema sería: Aquello difícil que conseguimos procesar, comprender, integrar y atravesar adecuadamente puede ampliar nuestros recursos para enfrentar dificultades futuras.
La diferencia está en cómo se atraviesa:
Con recuperación. Con interpretación. Con apoyo. Con aprendizaje. Con exposición suficientemente exigente para producir ADAPTACIÓN, pero no tan destructiva que destruya el sistema que pretendíamos fortalecer.
Porque es ahí cuando el sufrimiento deja de ser altar y se convierte en entrenamiento.
Porque cuando lo entrenas, tanto tu cuerpo como tu mente comienzan a asimilar el sufrimiento de una manera, incluso constructiva. De hecho, hasta adictiva. Es común escuchar a jugadores y entrenadores deportivos decir que es mejor ganar sufriendo; o que les gusta sentir el dolor y el sufrimiento durante la competencia.
El competidor serio
Un competidor serio sabe que llegará una hora en que su talento no bastará. Una hora en que habrá entrenado bien y aun así estará perdiendo. Una momento en que hará todo correctamente y el resultado no llegará. Un instante en el que aparecerá el miedo. En que la mente dará sabias razones para abandonar.
Y cuando llegue ese momento, tendrá que tener algo más profundo que entusiasmo y positivismo. Tendrá que reconocer el territorio; dónde está parado:
“Ah. Es esto…”
“Esto era lo difícil.”
“Esto era aquello para lo que entrené.”
“No necesariamente voy a ganar. Pero significa que todavía puedo competir. Y daré lo mejor de mí.”
Esa diferencia es sagrada. Porque el gran competidor no posee control sobre el resultado. Pero posee algo mucho más humilde y también mucho más poderoso: la capacidad de elegir su siguiente acción.
Saber sufrir
Resumamos esto bellamente antes de entrar al ciclo de entrenamiento.
Entonces, Saber Sufrir es aceptar que algunas aspiraciones contienen inevitablemente dolor.
- Es dejar de interpretar toda incomodidad como una emergencia.
- Es reconocer el miedo sin obedecerle automáticamente.
- Es separar la realidad de la tragedia añadida por nuestra mente.
Es distinguir:
- Esfuerzo de daño
- Disciplina de castigo
- Persistencia de terquedad
- Propósito de obsesión
- Es aprender a seguir cuando tiene sentido. Y aprender a abandonar cuando continuar sería destructivo
- Es no esperar a sentirse bien para hacer aquello que todavía debe hacerse
- Es conservar pensamientos claros cuando llega la presión.
- Valores cuando llega la tentación
- Precisión cuando llega el cansancio
- Humildad cuando llega la derrota
- Dirección cuando llega el dolor
Por eso no necesitamos una generación que sufra más.
Necesitamos algo muchísimo más complicado e inverosímil: una generación que sepa sufrir.
- Que sufra lo necesario
- Que no fabrique lo innecesario
- Que no convierta el dolor en identidad
- Que no utilice la dificultad para castigarse
- Que pueda mirar un momento terrible sin embellecerlo y sin huir inmediatamente de él.
Y que, cuando la vida pronuncie la frase tan inevitable (“ahora viene lo verdaderamente difícil”), no responda sorprendido: “Esto no debería estarme pasando.”
Sino que lo haga con la sólida serenidad de quien lleva años preparándose: “Lo sé.”
Y entonces respire.
Mire al frente.
Y juegue el siguiente punto… sabiendo que, simplemente, es uno más.
No voy a entrenarte para que nada te afecte. Voy a entrenarte para que aquello que inevitablemente te afecte no decida automáticamente cómo actúas.
ANTICIPA → ACEPTA → REGULA → EJECUTA → APRENDE
Entrenar el Saber Sufrir
1. Define tu precio
Antes de exponerse a nada, identifica qué incomodidades son previsibles y legítimas en tu aspiración.
Ejemplo: “Si quiero dirigir esta empresa, tendré que soportar rechazo semanal o diario, incertidumbre, conversaciones difíciles y decisiones sin información completa.”
Ejercicio práctico, 3 minutos es sencillo:
Mi aspiración: ______
El precio psicológico previsible: ______
Estoy dispuesto a pagar: sí / no / parcialmente.
Esto entrena el primer diferencial que construimos: la aceptación previa del costo.
2. Construye una Escalera de Incomodidad
Aquí el núcleo del entrenamiento.
Crea una escala del 1 al 10 de situaciones incómodas relacionadas directamente con tu desempeño; no en cuanto al sufrimiento como tal.
Por ejemplo, para un ejecutivo:
3/10: hacer primero la tarea que lleva días aplazando.
4/10: pedir feedback incómodo.
5/10: llamar personalmente a un cliente molesto.
6/10: defender una posición impopular en una reunión.
7/10: tener una conversación que llevas semanas evitando.
Después practica deliberadamente 2–3 exposiciones moderadas por semana.
No esperes eliminar automáticamente el malestar. Aquí la idea es aprender que puedes seguir presente ese malestar sin que condicione tu conducta.
Eso sí… nunca te expongas a daño físico o mental evidente. Siempre es exposición a incomodidad funcional. No entrenamos con privación de sueño, lesiones, humillación, dolor físico innecesario ni situaciones abusivas.
3. Separa “lo que duele” de “la historia que me estoy contando”
Cuando aparezca el sufrimiento, escribes dos columnas:
HECHO
“Mi propuesta fue rechazada.”
HISTORIA TÍPICA
“Esto siempre me pasa”. Últimamente me está pasando mucho eso.” “Tal vez es que no soy suficientemente bueno.” “Siempre fracaso.” “Nadie valora lo que hago.”
NUEVA HISTORIA
Después te preguntas:
¿Qué parte necesito atravesar y qué parte estoy creando en mi cabeza?
Obsérvalo con paciencia. Sin juzgar. Sin buscar explicaciones. Sólo observa las partes fabricadas, como si vieras a tu mente sacarlas de una fábrica de mentiras y exageraciones.
El mero hecho de observar comienza a diluirles su poder.
Eso materializa perfectamente el principio de Krishnamurti que vimos en el artículo anterior: no abrir una segunda herida sobre la primera porque crea una doble carga innecesaria.
Dolor 1 / Dolor 2
Dolor 1: lo que la realidad está produciendo.
Dolor 2: el sufrimiento adicional creado por anticipación, juicio, comparación, catastrofización o auto-castigo.
El objetivo no es llevar Dolor 1 a cero.
Es aprender a reducir el Dolor 2 identificándolo, observándolo.
4. Reinterpreta la activación: “Esto es difícil, no necesariamente peligroso”
Apareció el dolor. Lo identificaste. Lo observaste, lo apreciaste, lo oliste.
Ahora aplica este protocolo de 15 segundos (NNRR):
1. Nombrar: “Estoy sintiendo presión.”
2. Normalizar: “Es esperable: estoy haciendo algo muy importante y de impacto mayor.”
3. Reinterpretar: “Esta activación prepara mis recursos para responder. No demuestra mi incapacidad.”
4. Redirigir: “¿Qué me exige exactamente la siguiente acción con el fin de honrar mi Propósito?”
No es: “Estoy tranquilo”… si claramente no lo estás.
Es Mejor: “Estoy activado y todavía puedo ejecutar.”
Es mucho más poderoso y creíble.
5. Entrena una acción + frase de combate
El habla interna no es simplemente pensamiento positivo. Las investigaciones muestran que intervenciones estructuradas de autodiálogo pueden mejorar el rendimiento, con un efecto promedio moderado en una metaanálisis deportiva.
Pero debe ser corto, creíble y accionable.
No: “Soy invencible.” “Tú puedes.”
Eso no sirve.
Es mejor:
- Una acción: por ejemplo… gritar, hacer sentadillas, hacer flexiones, pegarte cachetadas (suave), agitar los brazos hacia arriba empuñando la mano… (tú decides cuál te resetea / reactiva mejor).
Y acompañarlas de frases como:
- “Esto era parte del juego. Claro que sí.”
- “Puedo estar incómodo y ejecutar, porque sabía que llegaría.”
- “No resuelvas todo. Resuelve esto.”
- “Un punto más. Dale.”
- “No necesito sentirme bien para hacerlo bien.”
Prueba varias y quédate con la que mejor te funcione cuando estés en esos momentos que te dan ganas de salir corriendo.
6. El protocolo SI → ENTONCES
Esta va en simultánea con la anterior. Y tiene que ver con predefinir una conducta mediante planes “si X ocurre, entonces haré Y” (ya antes lo hemos tratado con el método WOOP) facilita que la acción adecuada se active cuando llega la situación crítica. Incluso se ha estudiado su uso para proteger objetivos deportivos frente a pensamientos, sentimientos y estados fisiológicos disruptivos.
Escribe tres:
Si siento deseos de abandonar una tarea por incomodidad, entonces trabajaré cinco minutos más antes de decidir.
Si recibo una crítica que me active emocionalmente, entonces haré una pregunta antes de defenderme.
Si aparece “está ya está siendo demasiado para mí”, entonces cambiaré la pregunta por “¿cuál es la siguiente acción que puedo y debería ejecutar?”.
Esto entrena comportamiento antes de necesitar fuerza de voluntad.
7. Entrena la habilidad definitiva: Ejecutar bajo malestar
Aquí está el corazón de Saber Sufrir.
No basta soportar. Después de generar una cantidad moderada de presión, debes realizar una tarea que requiera precisión.
Por ejemplo:
- hacer una presentación después de recibir críticas
- resolver un problema con tiempo limitado
- responder un caso difícil después de una pequeña provocación emocional
- tomar una decisión mientras existe incertidumbre
- seguir trabajando el informe aunque esté muy cansada
- hacer una llamada difícil sin esperar sentirte preparado.
Y después medir de 0 a 10:
Malestar: 0–10
Claridad: 0–10
Calidad de ejecución: 0–10
Porque el objetivo de The Winning Brain no es llevarte a un nivel de aguante tipo: “Conseguí soportar 9/10.”
Es, más bien llevarte a un nivel de desempeño mientras resistes:
“Con 7/10 de presión mantuve 8/10 de ejecución.”
“Con 9/10 de presión mantuve 7/10 de ejecución.”
Eso hace que el concepto tenga un performance (desempeño) medible.
8. Aprende a regular sin escapar (Respiración 4-7-8)
Regular no significa eliminar la emoción. Y ni pretendas borrarla, eliminarla o arrancártela. Es peor. Es mejor aprender a relajarse para que fluya.
Una herramienta sencilla que recomiendo usar es la de 4-7-8: inhalar contando hasta 4, sostener hasta 7, exhalar hasta 8. Repite 3 ciclos.
Así calmas el sistema nervioso rápidamente y facilitas la observación de tus propios pensamientos, que es el requisito previo para no quedar secuestrado por ellos. Con esto, reducirás la activación excesiva antes de regresar a la ejecución.
Ojo que aquí la cuestión es Regular para volver a entrar. No para escapar o terminar.
Respiras. Te centras.
Y vuelves a la conversación, presentación, negociación o tarea.
9. Cierra con el Debrief del Sufrimiento
Después de una situación difícil, solamente cuatro preguntas:
· ¿Qué sufrimiento fue real?
· ¿Qué sufrimiento añadió mi mente?
· ¿Qué hice bien mientras estaba bajo presión?
· ¿Qué quiero hacer mejor la próxima vez?
Dos minutos. Sin que escribas un diario interminable. Sin psicologizar todo.
Esto convierte cada adversidad cotidiana en datos para entrenar.
Ahora… ¿sabes qué vas a hacer?
Vas a meter esto en un agente Claude para que te recuerde siempre ese protocolo que tu mente, por sí sola, no va a recordar. ¡Eso te ayudará a ejecutarlo siempre que le des una alarma! Es un proceso bello y útil que estamos empezando a poner en práctica. Si no sabes cómo y requieres ayuda, escríbeme.
1:1 – PARA TERMINAR
Te cuento que he empezado a tener sesiones 1:1 con líderes y empresarios – emprendedores para entrenarlos en estas habilidades, así como en otras que hemos venido tratando alrededor de la Mente Ganadora. NO es coaching. Porque yo no soy coach. Tampoco psicólogo. Soy científico de la mente y con todo ese aprendizaje he creado modelos que funcionan; y los entreno. Entonces no son sesiones de coaching. Es entrenamiento puro. Es como salir a la cancha y empezar a sudar… entendiendo y haciendo.
Si te interesa, escríbeme de vuelta: the@winningbrain.co
Me encantaría ayudarte a ti o a tu equipo de trabajo.
No mires atrás.
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