EL QUE ODIA PERDER NO SABE GANAR


EL QUE ODIA PERDER NO SABE GANAR

Y Leonardo Da Vinci te lo va a explicar

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Por Gerardo E. Méndez.

The Winning Brain: Ciencia del Desempeño Superior para que los Empresarios Emprendedores desaten la furia de sus mentes y escalen sus negocios.

Leyendo la biografía de Da Vinci escrita por Walter Isaacson, me impacto leer que el artista no era muy competitivo. Al leerlo tuve que parar y releerlo para asegurarme que había entendido, porque toda la vida creí que una condición de las personas exitosos era ser un ganador compulsivo. Más aún, pensaba que había que ser de esos muy malos perdedores. Muchos crecimos en culturas que nos enseñaron eso.

Pero lo que documentan los más reconocidos biógrafos de Da Vinci es fascinante y coincide con lo que hasta ahora he explicado: Leonardo, probablemente el artista más importante de la historia, no tenía una motivación centrada en la competencia ni en la victoria profesional. Lo que lo movía era un deseo innato de exploración y perfección técnica, no el impulso de superar a sus contemporáneos.

Hay un episodio que ilustra muy bien su nivel de competitividad; y era su relación con Michelangelo Buonarroti: su gran rival artística durante esa época del Renacimiento. Michelangelo era extremadamente competitivo, suspicaz, melancólico y reservado; veía a Leonardo como un rival directo y llegó a increparlo públicamente en las calles de Florencia por no haber terminado la estatua ecuestre de bronce en Milán. Pero Leonardo, en lugar de engancharse en una pelea o discusión, solía reaccionar con distanciamiento e indiferencia, acaso con elegancia. No buscaba "ganar" la confrontación personal.

Hay otro aparte curioso. Cuando la Señoría de Florencia les encargó pintar fresco contra fresco en la misma sala (La batalla de Anghiari para Leonardo y La batalla de Cascina para Michelangelo), la ciudad vio aquello como un duelo exquisito. Mientras Michelangelo diseñó una composición llena de cuerpos musculosos en tensión para demostrar su superioridad técnica en la anatomía heroica, Leonardo se enfocó en experimentar con nuevas técnicas de aglutinantes de aceite sobre yeso. Esa obsesión por innovar con el material produjo un fallo técnico que arruinó el fresco, pero demuestra claramente que su mente estaba en la experimentación y el detalle, no en el show de la competencia.

Lo cierto, es que Da Vinci, ese enorme genio de la pintura, la escultura, la anatomía, la ingeniería, la óptica, y hasta de la geología, la paleontología, la botánica y cinco o seis disciplinas más, albergaba una fuerza motriz mucho más potente que el mero deseo de triunfar: la búsqueda de la causa primaria detrás de cada fenómeno natural. La pintura no era un fin para superar a otros, sino un método de investigación visual. A diferencia de muchos de sus pares, Leonardo no medía su éxito en la cantidad de obras entregadas ni en los aplausos de la corte. Su motor principal era entender cómo funcionaba el mundo, desde la anatomía de un músculo facial hasta la dinámica del agua, para luego plasmarlo con una precisión inédita.

Un artista motivado por la rivalidad busca cerrar contratos, entregar encargos y cobrar para pasar al siguiente proyecto. Pero Leonardo dejaba con frecuencia sus obras inacabadas porque, una vez que resolvía en su mente el reto técnico o científico de una pintura, perdía el interés comercial en finalizarla.

Para él, la pintura era solo un brazo de una indagación mucho mayor que incluía dominar cualquier disciplina o ciencia que le ayudara a comprender mejor el mundo que buscaba representar; aunque fueran ciencias tan “opuestas” como la botánica y la física o la matemática y la poesía.

LOS 3 TIPOS DE COMPETIDORES:

Ya en otros artículos he explicado que el objetivo para cumplir las metas, estar satisfecho con la vida y… al final… ganar, no es buscar directamente ganar. O al menos no debe ser el único objetivo… al punto que se convierta en una obsesión. Para entenderlo, es fundamental comprender los 3 tipos de competidores y cómo actúan sus propias mentes en ellos.

Los 3 tipos de competidores:

  • El que necesita ganar obligatoriamente. Ese no compite solo por el resultado. Compite por identidad, estatus, respeto. Perder no significa “perdí”. Significa: “valgo menos”. Por eso es muy probable que se desespere, se rompa o juegue desde el ego.
  • El que quiere rendir al máximo y superar sus límites. Quiere ganar, por supuesto. Pero su obsesión principal es otra: ejecutar bien, superar los obstáculos, perfeccionar su técnica, acercarse a su mejor nivel. El resultado importa. Pero no define su identidad.
  • El que finge que no le importa. “Perdí, pero no era que estuviera intentando ganar.” Parece desinterés. Pero suele ser autoprotección: como no lo intenté de verdad, la derrota no puede decir nada sobre mí.

Curiosamente, el primero y el tercero parecen opuestos. Pero ambos están protegiendo lo mismo: su identidad, su ego.

Como ya sabes, el competidor mentalmente más fuerte es el segundo, porque no necesita ganar para sentirse valioso ni necesita fingir indiferencia para protegerse. Juega a ganar. Pero compite contra su propio nivel. Disfruta batallar y sufrir para superar sus límites, su umbral de dolor, su entereza para soportar el peso de cualquier desafío. Por eso este concepto de “Ser un Competidor” y el “Saber Sufrir” están íntimamente ligados.

Y logra algo que los demás no son capaces de hacer: silenciar los pensamientos automáticos (ego) que se estresan de más por querer hacerlo demasiado bien. Porque cuando te esfuerzas de más, tu mente, junto a tu cuerpo, pierde la capacidad de ejecutar con fluidez, con naturalidad, con su sabiduría pura, porque está enfocada en ser árbitro y juez de cada cosa que haces.

Esa diferencia mental cambia por completo cómo una persona responde a la presión, al error y a la derrota.

No mires atrás.

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Durante +27 años y +500.000 entrevistas estudié cómo las personas deciden, actúan, pierden y crecen bajo presión, desarrollando un trabajo que está en la intersección entre la antropología, la neurociencia, la psicología, la lingüística, los negocios y la ejecución en el mundo real. Ahora decidí escribir el destilado de esos aprendizajes. Suscríbete y únete a 5 mil lectores semanales. ¡HAZLO Y RECIBE GRATIS NUESTRO PRIMER LIBRO DE LA SERIE "LA MENTE ANTES QUE LA MÁQUINA" - EL EMBUDO INFINITO!

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